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Como homenaje a nuestro admirado Manuel Ríos Ruiz, recuperamos este articulo que vio la luz el 8 de Febrero de 2015 en nuestro blog y en Diario de Jerez. Tras su publicación recibimos un cariñoso correo del escritor en el que nos decía:

"Muchas gracias por el trabajo sobre mis poemas campesinos publicado aquí y en el Diario de Jerez. Saludos"


Descanse en paz.



“PORQUE lo quiso Undivé, porque Undivé lo quiso, desde el sitial más alto de los sueños,
desde la víscera sustancial de las Andalucías,
desde su pijotera entraña tan santísima, con su dedo decididor y cabalístico
en el nombre de Jerez, de sus campesinos y artesanos, de su misterio
y litigio,
nació –digo: cantó-, aconteció Manuel Torre".


Así, con este potente y magistral arranque, con esa invocación a Dios, el Undivé de los gitanos, comienza “Razón, vigilia y elegía de Manuel Torre”, obra con la que el gran escritor jerezano Manuel Ríos Ruiz obtuvo el Premio Nacional de Poesía Flamenca de 1977.

De todos es sabido que Ríos Ruiz, uno de nuestros poetas más premiados y reconocidos, se había consagrado ya como uno de los grandes cuando en 1972 recibió el Premio Nacional de Literatura. Entre otros muchos galardones, el Premio Hispania, que en 1991 le fue entregado en Nueva York por el conjunto de su obra, vino a realzar aún más la proyección internacional de quien, junto a su poesía, ha llevado siempre el flamenco y el “campo” de Jerez a la literatura.

El campo y los paisajes de la campiña en la obra de Ríos Ruiz.

El primer y gran acierto de Ríos Ruiz ha sido el desplazar la pasión andaluza del paisaje al lenguaje, de la historia al idioma...” dejó escrito, de su obra, otro grande: Francisco Umbral. Sin embargo, una de las razones por las que nos gusta leer a Rios Ruiz, es porque en muchos de sus trabajos, "además de envolvernos con su lenguaje apasionado, nos sumerge, también con pasión, en el paisaje, en el campo y en las tierras de la campiña, en torno a Jerez.

Razón, vigilia y elegía de Manuel Torre”, como no podía ser de otra forma, tiene como referentes centrales, el gran cantaor jerezano, el flamenco y Jerez. Pero como telón de fondo, como escenario, Rios Ruiz hace también un canto al paisaje de la campiña que conoce como pocos. Esta obra es, más que ninguna otra, toda una antología de topónimos, cortijos, pagos, viñedos, parajes… Todo un inventario de la geografía del campo de Jerez. Y al nombrarlos, Ríos Ruiz, gana ya estos lugares para la literatura. Vamos a comprobarlo, transcribiendo unos hermosos fragmento, en los que se recrea en el día en que nació Manuel Torre, y desde San Miguel…




“…escuchábanse, en su alturas y capillas, retumbar los relinchos
y galopes de los potros cartujanos, allá por
Jédula, La Jarilla y La Jareta,
Cerro Blanco y La Zangarriana
, por los llanos
de Caulina
y la Gradera
, por encima de los torrejones del Castillo Melgarejo, desde
Vico
a Torrecera, jarreos, jinetes, voceríos de Los Garciagos y de Gibalbín,
de Martelilla, de La Matanza, La Matancilla y La Matanzuela,
Fuente Bermeja y El Carrascal, los desolados campos hirsutos
que clamaban sus latitudes, meandros, laderas, eriales, albinas y albedríos,
tierras de pan buscar, montes, dehesas, cotos cerrados, ventorrillos, mundos
propios del señorito enjaezado, cacique y campechano, dios y luzbel.





Con la fuerza de sus palabras, como si de un torbellino, de una corriente torrencial se tratase, Ríos Ruiz concita los nombres de parajes y rincones de nuestra campiña, tratando de congregarla toda con su apasionado verbo. Y así, en su poema, vuelve a esas retahilas de lugares, de cortijos, de pagos de viña, a “ese alarde enumerativo, de regusto unamuniano”, en palabras del poeta José Lupiañez, estudioso de su obra.





ASI Jerez, así al costado del levante y su campiña cortijera,
con el Guadalete por verónicas guadalizando desde Cartuja al Portal,
Los Albarizones en flor de agua –liquen y fuente- camino de Lomopardo
y Montealegre, pagos de Solete, Las Abiertas y Parpalana, pegujales,
huertas, cojumbrales, planteras para el hambre y la salud, penitencias
y territorios de la calabaza y la lechuga, removida tierra candeal,
alomada y fresca, encelo del ciruelo, ostensorio de la higuera, primores
del naranjo y su azahar, almendros y perales, feria del albérchigo, valle
del perillo,
oh parra, espiga, mazorca, chícharos, panizo, alberjones
lujos en los ojos, fiesta del paladar acariciada, resoles vegetales del
recuerdo.
OH Jerez,
oh tierra consumida y abinada sol a sol, rememora, acuérdate
de tus aconteceres y tus siglos en torno a Manuel Torre, de cuánta mies y
belleza
aureolada te naciera al norte en Carrizosa, en tu cacho Almocadén,
sobre las recónditas ruinas de Asta Regia, Tabajete allí en pleno
y ánimo, Cañada de Albaladejo, barros calientes de Bujón,
pulmón terrenal de cada viña, de sus pámpanos y suspiros en albariza:
Casarejo, Burujena, Monteagudo, Ventosa, Macharnudo, el Cerro
común de Santiago,
La Aína amorosa y capital.
El harén
de cepas de Los Tercios y El Marrufo, cuyos liños encandilan, sobrecogen.





¿No es magistral ese recorrido por los pagos y los frutos, por cerros y cañadas, por la historia…? Pero no acaba aquí ese itinerario de sensaciones, y el poeta no podía olvidarse, en este despliegue de ese territorio apasionado de nuestra campiña, de aquellos rincones que le eran más familiares. Conviene recordar, que Ríos Ruiz visitaba con frecuencia las tierras de La Matanza, Bolaños, Roa La Bota y, especialmente, Frías, cortijo en el que su padre trabajó y al que ayudaba en su niñez en las faenas del campo, tal como nos recuerda en su antología poética “La memoria alucinada”… Pero sigamos con otro hermoso fragmento del poema que dedica a Manuel Torre:





LA vida en pos, creciendo, la comunión de los jazmines y los dondiegos
en los aporcados arriates, agrimensuras insólitas del sur, lontananzas
hacia Bolaños, Frías, Caricortao,
ranchos del Calvario, del Beato y de La Bola,
toros de Roa La Bota, olivareras lindes de Las Quinientas, Sierra
pesebre de San Cristóbal. Cuestas del Chorizo, barranco, término
luminoso, luz inaprensible aspirando el mar, haciendo nido a la bahía.
Y los barbechos en vuelo -Cerro del Cuco, Cerro del Viento- a las nubes
de una atlántica ilusión de bajamares y de surbajos, troníos
del agraz,
latifundios abrazando a la ciudad, entrando por puertas
y postigos, en el redor del siglo diecinueve, cuando Undivé quiso
confirmarnos
la voz, el sentimiento ancestral, el grito cuajarón y dolorido
naciendo entre lagartijas y salamandras, tanagra y tronco,
perfil endrino,
esqueletomaquia de todos,
bizarro y sonoro Manuel Torre.”




Todos los paisajes, toda la rica geografía de nuestra campiña, todos los nombres del campo de Jerez, ya para siempre en la literatura, de la mano de la poesía de Manuel Ríos Ruiz.


Para saber más:
- Razón, vigilia y elegía de Manuel Torre
- Página oficial de Manuel Ríos Ruiz
- José Lupiañez: La poesía bajoandaluza de Manuel Ríos Ruiz, 1999.

Observación: situando el cursor sobre una fotografía, podremos leer el pie de foto.  Si pulsamos sobre cualquiera de ellas, podrán verse todas a pantalla completa.

Sobre El paisaje en la literatura y El paisaje y su gente "entornoajerez" hemos publicado también...

Artículo publicado en DIARIO DE JEREZ, el 08/02/2015

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